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Ganar: La mayor amenaza a la competitividad

The New York Times
Ganar: La mayor amenaza a la competitividad
Pregunta: ¿Les preocupa la competitividad de Estados Unidos en el futuro?
-- Srikanth Raghunathan, Irwin, Pensilvania
Respuesta: Sí, y la preocupación se acrecentó hace poco. Pero no debido a las razones habituales, de que "el cielo se está cayendo encima", como los déficits gemelos, los bajos costos de la manufactura en China o la piratería de los derechos de propiedad intelectual. Creemos que esos desafíos pueden ser atenuados en buena parte por fuerzas del mercado, políticas y legales.
No, tememos que la competitividad de Estados Unidos sea destruida por algo de lo que nadie habla, "The Employee Free Choice Act", o ley de libertad de elección del empleado. En la actualidad, ese proyecto de ley está avanzando de manera insidiosa hacia el Congreso de Estados Unidos, y podría ser sancionado. Si eso ocurre, la economía norteamericana, que ha sido próspera desde hace mucho tiempo, finalmente podría enfrentarse con su peor enemigo.
No, no ha leído mal.
Sabemos que suena extraño que nos opongamos a un proyecto de ley que promete algo tan maternal como "libertad de elección". Pero el título del proyecto de ley es pura propaganda. No introducirá la libertad o la autodeterminación en el lugar de trabajo. Es más probable que introduzca la intimidación y la coerción por parte de los gremialistas que, luego de un largo deslizamiento hacia la casi extinción fuera del sector público, finalmente observan una gloriosa nueva ruta para obtener millones de miembros que paguen sus cuotas.
Esa campaña podría desencadenar un incremento de agremiación a través de la industria de Estados Unidos. Y, luego, una reversión a la abotargada economía que puso a Estados Unidos de rodillas a fines de la década del setenta y comienzos del ochenta, y en la actualidad afecta a buena parte de las empresas europeas.
Si usted quiere recordar cómo luce eso, vaya con su automóvil al valle Lehigh, de Pensilvania, como nosotros hicimos el pasado fin de semana, y observe todas las fábricas cerradas. La industria metalúrgica, así como la del carbón, la del automóvil y muchas otras, pagaron el precio inexorable de la agremiación en una economía global.
No queremos decir que estamos unilateralmente opuestos a los sindicatos. Por cierto, si una compañía es injusta o poco razonable, merece lo que recibe de los sindicatos.
Pero el problema con los gremios es que convierten en un deporte la destrucción de la productividad inclusive cuando las compañías proporcionan buenos salarios, beneficios y aceptables condiciones de trabajo. No es raro que un gremio decida parar la producción en lugar de permitir a un obrero no agremiado mover un interruptor. !Se aduce que sólo un electricista agremiado puede hacer esa tarea!
Las empresas no pueden permitirse en la actualidad ese tipo de burocracia. Tampoco pueden permitir otros excesos que traen los gremios, como dos personas para cada tarea y un enfoque litigioso para todos los asuntos, inclusive los más minúsculos. Sí, gerentes y empleados en ocasiones discrepan. Pero en la economía global, tienen que solucionar sus diferencias no como adversarios sino como socios.
El proyecto de Employee Free Choice Act socava eso. Y he aquí cómo. En la actualidad, cuando los activistas sindicales desean lanzar un esfuerzo de agremiación, piden a cada trabajador que firme un carnet como muestra de apoyo. Si un 30 por ciento o más de los empleados lo hacen, puede convocarse a elecciones supervisadas a nivel federal, que se realizan a través de uno de los mecanismos más reverenciados en la democracia, el voto secreto. Los empleados pueden votar de acuerdo a su conciencia, sin temor a represalias de la gerencia o de sus dirigentes gremiales.
En cambio, en el proyecto de the Employee Free Choice Act, lo que necesitan los organizadores para crear un sindicatos es conseguir que un 50 por ciento de los empleados más uno, firmen los carnet. Eso es así: ya no habrá más votos secretos.
En cambio, los empleados posiblemente reciban una llamada telefónica con un pedido preciso o, aún peor, una visita en su hogar de un pequeño grupo de organizadores. Usted puede imaginar el escenario. Los organizadores se sentarán en la mesa de la cocina y formularán su caso, posiblemente con gran pasión. Luego deslizarán el carné frente al empleado, junto con una lapicera. ¿Quien puede decir que no?
Ahora bien, los partidarios de los sindicatos le dirán que no piensan intimidar a los empleados para obtener votos. Y además, la gerencia intimida todo el tiempo al amenazar con despedir empleados que votan en favor de la agremiación. Sin duda alguna, eso puede ocurrir. Pero el sistema tal como existe tiene salvaguardias, incluidas fuertes multas contra empresas que se comportan mal, así como nuevas elecciones de manera automática.
Aún así, el firme avance de the Employee Free Choice Act continúa incólume. Y si líderes empresarios y legisladores no se ponen de pie, podría significar, muy pronto, que retornen los sindicatos, y que desaparezca la competitividad en Estados Unidos.
Los cambios no ocurrirán de manera instantánea, por supuesto. Las empresas combatirán a los sindicatos como si sus vidas dependieran de ello, pues eso es lo que ocurre. Pero, dada la logística de the Employee Free Choice Act, cualquier campaña de la gerencia está condenada. Si usted no puede estar en la mesa de la cocina con los organizadores del sindicato y sus largas miradas, posiblemente no pueda ganar.
Es demasiado malo. Por cierto, es terrible. Y también irónico. Primero, porque la capacidad de agremiarse ya existe en Estados Unidos, gracias al voto secreto. Y en segundo lugar, porque The Employee Free Choice Act sólo proporciona una libertad de elección que nadie desea: cómo gastar un cheque de desempleo proporcionado por el gobierno.
(Jack y Suzy Welch son autores del libro "Winning", un gran éxito de venta a nivel internacional. Ustedes pueden enviarles preguntas por correo electrónico a Winning@nytimes.com. Por favor, incluya su nombre, su ocupación, su ciudad y su país).
(Traduccion de Mario Szichman.)
©2006 NYTimes 06/03/2007 16:45
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Ganar: La mayor amenaza a la competitividad

The New York Times
Ganar: La mayor amenaza a la competitividad
Pregunta: ¿Les preocupa la competitividad de Estados Unidos en el futuro?
-- Srikanth Raghunathan, Irwin, Pensilvania
Respuesta: Sí, y la preocupación se acrecentó hace poco. Pero no debido a las razones habituales, de que "el cielo se está cayendo encima", como los déficits gemelos, los bajos costos de la manufactura en China o la piratería de los derechos de propiedad intelectual. Creemos que esos desafíos pueden ser atenuados en buena parte por fuerzas del mercado, políticas y legales.
No, tememos que la competitividad de Estados Unidos sea destruida por algo de lo que nadie habla, "The Employee Free Choice Act", o ley de libertad de elección del empleado. En la actualidad, ese proyecto de ley está avanzando de manera insidiosa hacia el Congreso de Estados Unidos, y podría ser sancionado. Si eso ocurre, la economía norteamericana, que ha sido próspera desde hace mucho tiempo, finalmente podría enfrentarse con su peor enemigo.
No, no ha leído mal.
Sabemos que suena extraño que nos opongamos a un proyecto de ley que promete algo tan maternal como "libertad de elección". Pero el título del proyecto de ley es pura propaganda. No introducirá la libertad o la autodeterminación en el lugar de trabajo. Es más probable que introduzca la intimidación y la coerción por parte de los gremialistas que, luego de un largo deslizamiento hacia la casi extinción fuera del sector público, finalmente observan una gloriosa nueva ruta para obtener millones de miembros que paguen sus cuotas.
Esa campaña podría desencadenar un incremento de agremiación a través de la industria de Estados Unidos. Y, luego, una reversión a la abotargada economía que puso a Estados Unidos de rodillas a fines de la década del setenta y comienzos del ochenta, y en la actualidad afecta a buena parte de las empresas europeas.
Si usted quiere recordar cómo luce eso, vaya con su automóvil al valle Lehigh, de Pensilvania, como nosotros hicimos el pasado fin de semana, y observe todas las fábricas cerradas. La industria metalúrgica, así como la del carbón, la del automóvil y muchas otras, pagaron el precio inexorable de la agremiación en una economía global.
No queremos decir que estamos unilateralmente opuestos a los sindicatos. Por cierto, si una compañía es injusta o poco razonable, merece lo que recibe de los sindicatos.
Pero el problema con los gremios es que convierten en un deporte la destrucción de la productividad inclusive cuando las compañías proporcionan buenos salarios, beneficios y aceptables condiciones de trabajo. No es raro que un gremio decida parar la producción en lugar de permitir a un obrero no agremiado mover un interruptor. !Se aduce que sólo un electricista agremiado puede hacer esa tarea!
Las empresas no pueden permitirse en la actualidad ese tipo de burocracia. Tampoco pueden permitir otros excesos que traen los gremios, como dos personas para cada tarea y un enfoque litigioso para todos los asuntos, inclusive los más minúsculos. Sí, gerentes y empleados en ocasiones discrepan. Pero en la economía global, tienen que solucionar sus diferencias no como adversarios sino como socios.
El proyecto de Employee Free Choice Act socava eso. Y he aquí cómo. En la actualidad, cuando los activistas sindicales desean lanzar un esfuerzo de agremiación, piden a cada trabajador que firme un carnet como muestra de apoyo. Si un 30 por ciento o más de los empleados lo hacen, puede convocarse a elecciones supervisadas a nivel federal, que se realizan a través de uno de los mecanismos más reverenciados en la democracia, el voto secreto. Los empleados pueden votar de acuerdo a su conciencia, sin temor a represalias de la gerencia o de sus dirigentes gremiales.
En cambio, en el proyecto de the Employee Free Choice Act, lo que necesitan los organizadores para crear un sindicatos es conseguir que un 50 por ciento de los empleados más uno, firmen los carnet. Eso es así: ya no habrá más votos secretos.
En cambio, los empleados posiblemente reciban una llamada telefónica con un pedido preciso o, aún peor, una visita en su hogar de un pequeño grupo de organizadores. Usted puede imaginar el escenario. Los organizadores se sentarán en la mesa de la cocina y formularán su caso, posiblemente con gran pasión. Luego deslizarán el carné frente al empleado, junto con una lapicera. ¿Quien puede decir que no?
Ahora bien, los partidarios de los sindicatos le dirán que no piensan intimidar a los empleados para obtener votos. Y además, la gerencia intimida todo el tiempo al amenazar con despedir empleados que votan en favor de la agremiación. Sin duda alguna, eso puede ocurrir. Pero el sistema tal como existe tiene salvaguardias, incluidas fuertes multas contra empresas que se comportan mal, así como nuevas elecciones de manera automática.
Aún así, el firme avance de the Employee Free Choice Act continúa incólume. Y si líderes empresarios y legisladores no se ponen de pie, podría significar, muy pronto, que retornen los sindicatos, y que desaparezca la competitividad en Estados Unidos.
Los cambios no ocurrirán de manera instantánea, por supuesto. Las empresas combatirán a los sindicatos como si sus vidas dependieran de ello, pues eso es lo que ocurre. Pero, dada la logística de the Employee Free Choice Act, cualquier campaña de la gerencia está condenada. Si usted no puede estar en la mesa de la cocina con los organizadores del sindicato y sus largas miradas, posiblemente no pueda ganar.
Es demasiado malo. Por cierto, es terrible. Y también irónico. Primero, porque la capacidad de agremiarse ya existe en Estados Unidos, gracias al voto secreto. Y en segundo lugar, porque The Employee Free Choice Act sólo proporciona una libertad de elección que nadie desea: cómo gastar un cheque de desempleo proporcionado por el gobierno.
(Jack y Suzy Welch son autores del libro "Winning", un gran éxito de venta a nivel internacional. Ustedes pueden enviarles preguntas por correo electrónico a Winning@nytimes.com. Por favor, incluya su nombre, su ocupación, su ciudad y su país).
(Traduccion de Mario Szichman.)
©2006 NYTimes 06/03/2007 16:45